Comentario
Una villa miseria, su permitida existencia, es el signo de una derrota humana, una más. Lejos del candor de toda idealización -esa otra forma de la deshumanización- y aunque huela a obviedad, quizá sea necesario decir que en la villa también hay sitio para la fiesta, la intensa alegría, el gesto fraterno. Enunciar que allí viven muchas y muchas personas que conmueven por la integridad de sus valores, por su valiente compromiso para con las necesidades de sus vecinos, o sencillamente por la entereza de su deseo de luchar y seguir luchando contra múltiples y profusas desesperanzas y contra todo desencanto.
Como una indignación y una queja triste y desde una esperanza arropada de pasión, hemos escuchado y luego escrito las historias de algunas de las personas que habitan y aun creen, sueñan y esperan, en uno de los sitios más pobres, violentos e inadmisibles de Buenos Aires: la Ciudad Oculta, esa villa que se alza en el borde sur, hacia el límite entre Mataderos y Lugano.
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